¿De dónde vienen los souvenirs?

Por lo general, asumimos casi como algo obvio que, cuando compramos un souvenir, lo hacemos porque ese objeto se asocia con alguna característica particular del lugar que hemos visitado. El souvenir sería, en ese caso, una verdadera expresión de ciertos símbolos locales. Pero las cosas no son tan sencillas. En mi última visita a Mar del Plata, una de las cosas que más me llamó la atención era que muchos souvenires que en principio podían asociarse con la ciudad y su puerto, como barcos, faros, y muñecos hechos con caracoles, exhibían una característica particular: el “recuerdo de Mar del Plata” estaba escrito a mano sobre el souvenir, o a lo sumo, sobre un sticker. Muchos de estos souvenires estaban diseñados de tal manera que en realidad se podía escribir sobre ellos el nombre de cualquier lugar de la Argentina que tuviera playas, caracoles y barcos. En algunos casos, estaban fabricados en China; en otros, ni siquiera había una etiqueta que identificara de donde venían.

¿Dónde queda entonces la asociación entre souvenir y características locales del lugar que hemos visitado? Es comprensible que el souvenir ingrese en un circuito global de producción; al fin y al cabo, los productos se fabrican en aquellos lugares donde es más barato hacerlo. Pero la pregunta más bien apunta a nuestras prácticas: ¿compramos ese objeto porque “nos representa” el lugar que visitamos, o porque lo asociamos con nuestra experiencia de viaje?

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